Bienvenidos al Paraíso de la Democracia

Por: Mario Loarca

Desde 1985, la sociedad guatemalteca ha vivido un lento y trabajoso proceso de transición hacia el supuesto paraíso terrenal de la democracia. Tras haber pasado varios círculos del Infierno: las dictaduras autocráticas de comienzos del siglo, las persecuciones anticomunistas de los anos 50 (coauspiciadas por la CIA y el departamento de Estado USA) los guerrilleros y la contrainsurgencia militar en los anos 70 y 80; el país conoció distintos momentos de flexibilización y apertura política bajo los gobiernos civiles de Vinicio Cerezo, Jorge Serrano, Ramiro de León Carpio y del actual mandatario: Alvaro Arzú Irigoyen.

Los ejes del Estado autoritario han sido debilitados notoriamente por factores tales como la presión diplomática internacional, el creciente sentimiento antimilitarista en las áreas urbanas y el nuevo hegemonismo de políticos y empresarios de la gestión gubernamental.

Hoy en día, sin llegar a ser simplistas, podemos afirmar que los fraudes electorales han dejado de ser una práctica común del sistema y que se observa un índice bajísimo en las violaciones a los DDHH cometidas por el aparato coercitivo del Estado. Dentro de la formalidad constitucional, estamos a la puerta de ser reconocidos como una sociedad enmarcada por el estado de Derecho y, con ello, es factible que la ONU, la OEA, la UE y los USA

Dejarán de considerarnos un país semejante a Irán, Serbia, Angola y Haití. Es indudable, a fuerza de maquillajes diplomáticos, la imagen externa del país ha mejorado y estamos mejor posicionados para negociar con nuestros vecinos del NAFTA.

A pesar de lo expuesto, las formas de mentalidad y las actitudes comunes de los guatemaltecos ante lo político. Variaron poco en los 15 años de transición.

La mayor parte de los electores habilitados (más de 4 millones de ciudadanos), se niega o se inhibe a ejercer el sufragio y desconfía profundamente de todos los partidos del sistema. El liderazgo de los políticos, ha sido severamente erosionado por una larga cadena de escándalos públicos que envolvieron a conocidos personajes en las redes de la corrupción, del narcotráfico y de los más extraños contubernios entre partidos de uno y otro signo. Por ejemplo ¿Cómo convencer a los electores informados de la supuesta transparencia en la privatización de la empresa telefónica estatal?

¿ O cómo explicarse creíblemente la alianza que verdaderamente tenía el exprocurador del DDHH. Ramiro de León C. Con el autoritario general Ríos Montt? Ante toda la confusión y obscuridad no nos sorprende que hablen sobre el vaciamiento de nuestra palabra ética que no puede llamarse más que un cinismo cívico.